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(Doha) – Las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) están listas para considerar nuevamente una propuesta de Estados Unidos para incluir a los corales rojos y rosados en el Apéndice II del Tratado. Los corales negros están ya incluidos en el Apéndice II de CITES, y esa inclusión ha mejorado la capacidad de las partes de la CITES para controlar el comercio. La demanda de joyas de coral está llevando a las poblaciones de corales a la extinción y EE.UU. es el mayor consumidor. Las existencias han disminuido más de 80% desde mediados de la década de los ‘80s; los corales preciosos del Mediterráneo han casi desaparecido; las poblaciones del Pacífico, si no están ya agotadas, lo hacen después de 4-5 años de su descubrimiento. Los lechos en los que previamente hubo recolección son ahora dominados por colonias pequeñas, inmaduras, y aún así, incluso los especímenes más pequeños de corales rosados son recolectados, molidos en polvo de coral, mezclados con resina y convertidos en joyas.
El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU. presentó esta propuesta en la reunión de la Conferencia de las Partes de 2007 en La Haya. “Fue derrotada por un pequeño margen en los últimos minutos de aquella reunión debido a las tácticas de gran desinformación y presión de parte de la industria”, dijo Linda Paul, Directora de Programas Internacionales de Earthtrust, miembro de la Species Survival Network. “Esta vez es aún más urgente que la propuesta sea adoptada”. Dos reuniones técnicas tuvieron lugar en 2009, una en Hong Kong y la otra en Roma, en las cuales se presentó nueva evidencia indicando que los corales rojos y rosados crecen 2-3 veces más lentamente que lo reportado previamente. Puede tomarles cien años alcanzar su potencial reproductivo máximo.
A medida que las tecnologías de recolección de profundidad en los mares continúan avanzando, es probable que incluso los corales de grandes profundidades se agoten. “La recolección sustentable de corales preciosos no es posible”, dijo Paul. “La recolección de corales es minería, no pesca. El uso de redes de arrastre, rastras y redes de enredo para recolectar las especies más profundas, destruye lechos enteros de corales y sus ecosistemas asociados. Puede tomarles cientos de años a las áreas agotadas para recuperarse”.
Aunque el Consejo Regional de Ordenación de la Pesca en el Pacífico Occidental tiene un plan de recolección de corales para las Islas Hawaii Noroccidentales, el mismo nunca ha sido aplicado. Ese área es ahora un monumento nacional marino y está fuera de los límites de los recolectores comerciales de coral. No obstante, se teme que la recolección furtiva por embarcaciones de pesca extranjeras pueda estar aún ocurriendo allí.
Aproximadamente 70% del producto bruto proviene del Pacífico, pero las ubicaciones exactas no son declaradas y son desconocidas. En 1985, se recolectaron furtivamente 100 toneladas en embarcaciones de pesca extranjeras cerca de los Gardner Pinnacles y la Isla Laysan. Fotografías recientes del hábitat de fondo tomadas por un sumergible de mar profundo en Emperor Seamounts en la ZEE de EE.UU. indican que este área fue también dragada para corales. El hábitat está lleno de escombros de corales rotos y muertos. “Los recolectores furtivos nunca fueron atrapados en el acto porque la observancia en el Océano Pacífico es muy difícil y muy costosa”, dijo Paul.
La observancia sólo es posible cuando los productos de coral ingresan en el comercio, usualmente en algún puerto de entrada. Sin embargo, no hay controles de comercio internacional o programas de control global para corales rojos y rosados, y tampoco son gestionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) o alguna organización regional de gestión de pesquerías. Esto es responsabilidad de la CITES, que tiene el mandato de reglamentar el comercio de especies amenazadas.
La inclusión de corales rojos y rosados en el Apéndice II de la CITES no prohibirá el comercio de estos corales, pero requerirá que el Estado exportador haga una declaración formal de que los corales que están siendo despachados no fueron recolectados de una ubicación o en forma tal que sea perjudicial para la supervivencia a largo plazo de la especie.
Siete especies de corales rojos y rosados se comercializan a nivel global, pero dado que la identificación a nivel de especie no es posible en productos terminados, se ha propuesto la familia entera, más de 30 especies, para inclusión en el Apéndice II.
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